martes, 1 de diciembre de 2009

FIESTAS DE LA VILLA DE LA PEZA 2009.


Cuando el cansado sol del mes de septiembre, dé en las rojizas tierras del cerro de Santa Lucia, cuando las ristras de pimientos coloraos cuelguen ya de nuestras terrazas y el olor a pimientos asados inunde nuestras calles, nos anunciarán que el otoño está ya está aquí, que el frío tan temido está ya cerca pero también nos anunciará que ya están próximos los días grandes de La Peza.
Días en los que la antigua Villa de La Peza, se viste de gala, las viejas piedras del castillo lucirán su mejor color, la veleta de la torre brillará mejor que nunca, los montes y cerros, calles y plazas se vestirán con sus mejores galas, para anunciar que en La Peza esta de fiesta, que vive sus días grandes, en que sus hijos esparcidos por la geografía española y más allá de sus fronteras, vuelven a la tierra que los vio nacer y que vuelven a sus raíces, vuelven a recodarse a aquellos que ya no están con nosotros, son días de recuerdos de antiguas vivencias, estarán también muy presentes aquellos que se fueron de esta bendita tierra y no volvieron más y que seguro que desde donde están nunca dejaron de recordar su tierra, a sus gentes y a sus fiestas.
La vieja Villa viste sus mejores galas, paredes encaladas, balcones con buenas macetas, ristras de pimientos “coloraos” servirán de adorno, para que esta villa luzca sus mejores galas, calles engalanadas, banderolas por todas las calles y calles iluminadas servirán de antesala para esos días de fiesta y desenfreno.
Y como no nuestra Santa Patrona Nuestra Señora la Virgen del Rosario, que desde su bendito camarín esperará a todos sus hijos venidos de lejos y a los que durante todo el año estamos junto a Ella cobijarse debajo de su bendito manto.

Dios te salve Bendita Madre de este pueblo,
Dios te salve Madre Santa del Rosario,
Dios te salve Bendita Emperatriz del cielo,
Dios te salve Bendita Azucena,
que abandonaste los cielos
para venirte a vivir a esta Villa de La Peza
que hoy y siempre te proclama como Reina y Patrona.

Ella que descendió de los cielos para quedarse en esta bendita tierra de La Peza, La que es guía y camino de todos los cristianos nos recibirá con su Bendito Hijo de la Misericordia en las manos, nos dejará cobijarnos bajo su manto de Pureza, y para indicarnos que el camino que va Cristo es por Ella y que el camino de nuestra salvación es el camino seguido por Ella, y que solo por Ella podemos llegar a Cristo.
Ella esperará a volver estar por nuestras calles, pasearse por nuestras calles y plazas dándonos su bendición y amparo, Ella la primera cristiana, Ella el amparo que durante siglos y siglos lo ha sido para este pueblo y que hoy lo sigue siendo, Ella irá acompañada por El que amor a los hombres abrió sus brazos en la cruz para nuestra redención, por el que es Camino, Verdad y Vida, ese mismo es su Hijo nuestro Salvador, el Santísimo Cristo de la Misericordia, Él que por nuestra salvación lo dio todo por nosotros, El que está lleno de Misericordia, Él junto a su bendita Madre, nos bendecirán y darán su amor a todos por igual, y cuando después de un paseo por sus calles y plazas volverán a la antigua iglesia de la Anunciación, de donde momentos antes partieron, para esperar a otro año más y para darnos la enseñanza que todo el año nos esperan en la iglesia, para una pequeña oración y suplica, que Ellos nos atenderá como hijos suyos que somos.
Y después volverán a nuestras calles la algarabía y la alegría de la fiesta, gente por bares y carpas, divirtiéndose, ratos de jolgorio, momentos para olvidar problemas y penas que durante el año nos aquejan, momentos para el reencuentro con familiares y amigos, para el disfrute de niños y de mayores, de propios y forasteros, en la antigua Villa de La Peza caben todos, la alegría de la fiesta estará en cada rincón de este pueblo entre los puestos de turrón, entre “las colchonetas”, “los cochecitos de choque”, en la gente saludándose después de muchos años de sin verse, en la alegría como no de aquellos que tuvieron que dejar esta tierra que les vio nacer y que después de muchos años vuelven a estar en ella, para ellos si que son las mejores fiestas el recordar donde discurrió su niñez y que las necesidades de la vida y del hambre derivaron en una partida hacia un mundo incierto y sin saber lo que la vida les podrá deparar, y que con mucho gozo vuelven a pisar esta tierra que los vio nacer.
Por la noche será también el momento de diversión en bares y casetas, “botellones” alguno habrá también, donde los jóvenes y los no tan jóvenes se echaran un buen “baile” al ritmo del archiconocido “paquito el chocolatero”, los bares se encontrarán repletos de gente pasándolo bien.
Y trascurrirá los días y las horas, hasta llegar al momento culmen de las fiestas, por la mañana temprano serán muchos los que a caballo y a pié irán a “buscar” los toros hasta el “camarate”, para acompañarlos en su largo camino hasta la plaza, serán momentos preciosos donde se funden la naturaleza y la fiera, donde poder contemplar a la fiera en su hábitat, y verlos partir hacia un camino incierto, sin saber los que les depara.
Desde que los cencerros de los mansos, viertan sus sonidos a los vientos por la rambla de “Narváez” será el salto y seña de que lo más pintoresco de nuestra tradición taurina de nuestro pueblo se está realizando como durante tantos siglos se ha venido haciendo, y es el traslado de los toros desde el camarate.
Empezarán su caminar desde la dehesa del camarate, para por tortuosos caminos llegar hasta una pequeña cuesta que los conducirá por la rambla de “Narváez”, pasando por la “piedra del Santo”, rambla abajo serán conducidos hacia La Peza, harán una pequeña parada en las juntas de la rambla con la de la rambla del “arroyo” para después seguir su camino pasarán por almendros, olivos y tomillos, romeros y zarzas secas, hasta llegar al camino del “nabogal”, bajarán por la vereda que los llevará hasta los “huevos de lucas” seguirán su caminar por la carretera, eso si será conducidos por perros muy bien adiestrados, y como no por la impagable labor de los “vaqueros”, y acompañados por mucha gente que irán delante y detrás de las reses.
Por el camino se escucharán los tres cohetes, que anunciarán que los tan esperados encierros han comenzado, que ha sido un largo año esperando ese momento y que por fin ya ha llegado, su carrera comienza ya, que la larga espera ya llega a su fin, es el momento de ver la valentía de muchos y la pericia para correr delante de los toros, el momento de ver la bravura del toro en su punto más alto, por la calle de las eras bajarán corriendo para finalizar en la plaza subiendo la calle del río, se escuchará un gran estruendo cuando los toros se entren a la plaza precedidos de los mozos que en masa entrarán a la plaza.
Una vez los toros en la plaza, será también momento de contemplar a los toros con toda su bravura envestir en los palos, y ver como la gente se van “apretujando” cuando el toro se vaya acercando, serán presentados uno por uno, para el deleite de todos.
Después del encierro será el momento de las cervezas y de los buenos vinos, y de pasarlo bien con los amigos y forasteros que estos días nos visitan, el buen ambiente de fiesta se esparcirá por todos y cada uno de los rincones de esta Villa, terrazas de bares, carpas y chiringuitos nos servirán de lugar de reunión y de diversión.
Por la tarde será el momento del encuentro de entre la fiera y el hombre, será el momento de medir las fuerzas de uno y otro.
Mira con ojo fijo y errabundo,
la sangre en su testuz roja escintila,
y espesa telaraña le destila
saliendo, tras los labios, de su mundo.
Ya mi cuerno dorado desenfundo,
ya mi pulso, que es firme, no vacila,
y, unicornio brillante, hacia él se enfila
que entre el cuarto creciente apunto y hundo.
Como llama me agito, como el fuego,
al que tras la cortina sobrepuja
dentro de su ojo vago y casi ciego.
Y él, contrincante noble, hacia mí empuja
hasta que cae, y me agradece luego
morir salvado de la inicua aguja.
Me sabe a duelo y lágrimas la tarde;
a contienda feroz, sin menoscabo.
Sé que habrá un perdedor. Pero, aún, y al cabo
ninguno de los dos será cobarde.

¿Ha de morir el toro majestuoso?
¿Su sangre manchará la blanca arena?
O quizás...vale Dios, no quiero pena,
pero sangre ha de haber. Es imperioso.

Hay fiestas en las gradas, y en el ruedo
dos hombres de a caballo, y un artero
lanzazo. Del coraje, vil remedo.

El toro herido espera que, certero,
termine con su vida y con su miedo,
el estoque en la mano del torero.

Y después de la tarde de toros, todo volverá a ser igual, cada cual retornará a su lugar, la vieja Villa retomará su calma y tranquilidad de todos los días, volverá a descansar recostada junto a su castillo y su alta torre de la iglesia y llegará el momento para el recuerdo de los momentos vividos, y esperar las fiestas del año que viene.
Hasta el año que viene…………….

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